Arturo Pérez-Reverte
Ese señor que llama mierda a otro porque llora en público y que luego se autofelicita “Si lo llego a saber, lo insulto mucho antes” publica en Patente de corso un artículo que titula “Los moros de la profesora”. Utilizando un argot juvenil de hace 40 años se dirige a un joven reprendido por su profesora por haber utilizado en clase de Historia “la palabra moros al hablar de la Reconquista”. De su estilo colijo que o no se relaciona con jóvenes o los jóvenes que frecuenta son de su estilo. Estoy de acuerdo con él en que “el habla la determina quienes la usan”, por eso mismo digo que mis amigos “moros” prefieren que se les llame de otra manera. Algo tendrán que opinar, digo, al respecto los denominados. De lo cual colijo que o no conoce a muchos “reconquistados” o a los que conoce son de su estilo.
Llama en su socorro a las autoridades, que si góngoras, quevedos, calderones… “y otros autores innumerables” (que quiere decir innumerables autores) la utilizaron y concluye, en un alarde profético, que “tan vinculada está a lo que fuimos y somos, y a lo que seremos, que sin ella sería imposible explicar este lugar”, etc.
Tras la desaparición de los maestros del taco (Cela) y de la jerga (Umbral) nos queda esto. Seña de una época despreciable.



Y añado:
A mí el estilo de Reverte no me parece innovador, sino, más bien, que pretende llamar la atención de manera un tanto torpe, a la manera de las personas con poca educación que piensan que por hablar fuerte se les oye mejor.
No juzgo a la persona, pero pienso que detrás de los tacos y exabruptos hay una irresistible pulsión por llamar la atención. Él sabrá/que no sabrá qué traumas afectivos se esconden detrás de tanta bronca.
Que lo del éxito es flor de un día y que también fue famoso Jack el destripador (un suponer).